La contactología es una especialidad de la optometría que se encarga de la adaptación de lentes de contacto sobre la córnea del ojo. Su uso a veces es una necesidad visual —operación de cataratas en bebés y niños—, graduaciones altas, anisometropías —diferencia de dos o más dioptrías entre un ojo y otro— y otras veces es una opción más cómoda que las gafas para la práctica de deportes, el uso de instrumentos con oculares —cámaras, microscopios—, maquillarnos o simplemente por estética —lentes que cambian el color del iris—.
Actualmente también se utilizan para controlar el aumento de la miopía en niños y jóvenes mediante una técnica llamada ortoqueratología, en la que las lentes de contacto se usan mientras dormimos. También es usada en adultos por proporcionar buena visión sin gafas de día, por ejemplo en casos de alergia que hace muy incómodo el porte de lentes de contacto al parpadear.
Las lentes de contacto, comúnmente conocidas como lentillas, están fabricadas con materiales suaves y flexibles que favorecen una adaptación rápida y cómoda desde los primeros usos.
Sin embargo, esto no impide que algunas personas puedan experimentar sequedad ocular, especialmente cuando no se realiza una correcta higiene o se prolonga su uso más allá del tiempo recomendado.
Antes de empezar...
Lave sus manos y séquelas correctamente. Si es diestro empiece por el ojo derecho; si es zurdo por el izquierdo.
1. Asegúrate de que la yema del dedo índice de la mano dominante esté seca y coloca la lente sobre ella*.
2. Con el dedo corazón de esa misma mano, desliza hacia abajo el párpado inferior.
3. Utiliza el dedo índice de la otra mano para levantar el párpado superior y mira al frente o a tus ojos en un espejo vertical.
4. Coloca suavemente la lente sobre la parte central o inferior del ojo y, sin soltar todavía los párpados, retira el dedo índice.
No es necesario que la lente quede perfectamente centrada en este momento.
5. Manteniendo aún los párpados sujetos, mira hacia abajo para que la lente se coloque correctamente. Después, retira el resto de los dedos y, con la mirada hacia abajo, parpadea suavemente.
¡OJO! Siempre asegúrese que las lentes blandas no están invertidas antes de ponérselas.
1. Mira ligeramente hacia arriba y, con el dedo corazón, desliza el párpado inferior hacia abajo.
2. Utiliza la yema del dedo índice para desplazar la lente hacia la parte inferior del ojo, sobre la zona blanca.
3. Pellizca suavemente la lente con las yemas de los dedos pulgar e índice y retírala, evitando doblarla en exceso.